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lunes, 7 de febrero de 2011

Rap (III) La palabra como arma

Tradicionalmente, los tres rasgos que definen la condición de cantautor son:

  1. La creación artística: El cantautor es un músico que compone canciones con letras de retrato o denuncia de la sociedad en la que vive. Sus letras están al servicio de la música.
  2. El lenguaje: El cantautor utiliza un lenguaje popular y directo con alto contenido poético. Muchos ponen música a los versos de los poetas para acercarlos al pueblo.
  3. Las relaciones con su comunidad: El cantautor es un artista que se erige en portavoz del sentir de su comunidad. Esta, a su vez, le admite y se mira en su obra como en un espejo.

Pues bien, estos tres elementos los podemos encontrar en los cantantes del rap contestatario. Con ello podemos darnos cuenta de cuánta razón tenía Luis Eduardo Aute al calificar a los raperos como los cantautores del siglo XXI.

Mi viaje al mundo del rap me ha permitido verificar este dato con algo de profundidad. Pero al mismo tiempo me ha permitido hacer un descubrimiento sorprendente:

Estos chicos y estas chicas (pues aunque pocas, las hay) que han crecido y permanecido voluntariamente en los subterraneos del sistema, pregonan, como Dylan lo hizo en su día, la verdad de su época que ya no es la nuestra. Con sus capuchas de monjes medievales, son predicadores que desde las catacumbas del asfalto nos fustigan con sus mantras monocordes. Y no para contagiarnos el miedo al milenio, como hicieran aquellos visionarios a las puertas del año 1000, sino para reprocharnos el vacío y el “hambre atrasada” del siglo que empieza.

Además he descubierto que estos raperos son también juglares, herederos de una antíquisima tradición que no han querido aprender en las escuelas - pero que han redescubierto con su rabia- y como tales, nos explican sus cantares de gesta, atando infinitas notas escritas con ira, con urgencia y con alambres de púas. Y son, finalmente, guerrilleros glosadores, luchadores con palabras, que pulen sus rimas urgentes para que sean flechas, lanzas o aguijones clavados con eficacia en el corazón de nuestras hipocresías.

Glosando a Gabriel Celaya, a Miguel Hernández y a Blas de Otero, podemos decir que estos jóvenes están, cuando ya nada se espera personalmente exaltante, palpitando y viviendo más allá de la conciencia, fieramente existiendo, golpeando las tinieblas y afirmando fieramente que las armas son tristes si no son las palabras. En las voces de estos cantautores del siglo XXI sabemos que bajo los adoquines, bajo el asfalto, incluso bajo las cloacas, no está la playa, está la palabra. Sabemos que todavía, y más que nunca, felizmente, nos queda la palabra.

fuente de la imagen

En próximas entradas me propongo sobrevolar el panorama del rap de protesta en español. Estoy segura de que dejaré muchas cosas en la sombra, por ignorancia o por errores en la elección de las muestras que voy a compartir. Espero que vuestros comentarios corrijan y enriquezcan las informaciones que he recopilado.

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domingo, 17 de agosto de 2008

"Que no murió. Le mataron"


Tres poemas hasta ahora inéditos que Gabriel Celaya dedicó a la muerte de García Lorca. Publicados por el Patronato Cultural García Lorca, han sido leídos hoy en la localidad granadina de Alfacar, para rendir homenaje al poeta en el lugar en el que fue fusilado un 17 de agosto, hace 72 años.


ELEGÍA DEL MUERTO JUVENIL


Has muerto. Y todavía te envolvías
en un aire tembloroso de promesa y sonrisa.
Has muerto. Y todavía tu risa
era un torrente de vida no vivida.

¡Oh corazón, que ligero flotaba
como un niño adormecido
sobre el agua cambiante del momento!

¡Oh corazón, nunca hastiado,
no cargado de dolores y experiencia,
no maduro ya de muerte preparado!

¡Oh corazón, cada día nuevo
como la maravilla de la vida rubia que,
imprevista nace con un rumor de frondas
y carreras y persigue y burla,
escapa y vuelve, y ríe, y tiembla!

Has muerto. Y todavía brillaba en tus ojos
la sorpresa de vivir, de tener un nombre,
un cuerpo, un tiempo, un amor no agotado
para esta variedad de días claros.

Has muerto. Has muerto compañero
y hoy todavía te veo aturdido,
preguntando inocente si es cierto.

Gabriel Celaya. Zaragoza, 1938.

MEMORIA DE FEDERICO

I

Que no murió. Le mataron
Contra la cal de una tapia luminosa
me lo dejaron clavado.
-"Por vuestros padres- decía-.
Y lo dejaron clavado
diez pólvoras asombradas
y una bruta voz de mando.
¡Decidme cómo, decidme,
puede ocurrir tal espanto!
¡Ay, hombres sin nombre y madre!
¡Ay, sal seca y hueso amargo!
Diez bocas estupefactas
y un hombre que estaba al mando.
Nada más ni nada menos.
Sólo un vacío sin llanto.
Y esta rabia que me grita
que no murió; le mataron.

II

¡Ay, Federico García,
quién lo podía decir!
¡Ay, Federico García,
muera la guardia civil!
Lo que en otros no envidiaban
ya lo envidiaban en ti.
Un sepulcro con tu nombre
y una unidad de raíz.
La sangre que se me agolpa
quiere ahora hablar por ti.
Toda la pena de España,
todo este pus de raíz,
y más allá de mi mismo,
el pueblo llora por ti.
¡Ay, Federico García,
muera la guardia civil!

Gabriel Celaya. 1949

RECUERDO A FEDERICO

Recuerdo a Federico,
su corazón que flota como ese niño ahogado
en las aguas desiertas por una tarde lenta,
su corazón sin aire
para el vuelo que, loco, su amor le prometía.

Recuerdo a Federico,
sus mentiras que siempre prefería a las verdades,
sus exageraciones fieramente evidentes,
sus fábulas, su risa
que ponía las cosas en su punto exacto.

Recuerdo a Federico,
su abundancia, su amor que derramaba
generoso, en mil cosas, palabras, animales, niños,
amigos cualesquiera,
relámpagos parados de su pesada noche.

Recuerdo a Federico,
recuerdo que en él pesan ya diez años de tierra,
recuerdo que ha quedado con un boquete seco,
nadie sabe por qué, y eso es lo más terrible,
en un lugar cualquiera, un día que no nombro.

Gabriel Celaya. San Sebastián. 3 de julio de 1947

viernes, 25 de julio de 2008

Un arma paciente y persistente

Impresionante y bello este corto reportaje sobre el XVIII festival de Poesía de Medellín, evidente materialización de que la poesía "es un arma cargada de futuro", un oasis de belleza entre las miserias de los tiempos convulsos.

Como dice el poeta Fernando Rendón en su discurso de apertura del evento, todos estamos convocados "a una revolución paciente y persistente de la poesía". Y los poetas, ya lo sabéis, siempre tienen razón.

Que disfrutéis del documento.