viernes, 14 de septiembre de 2012

Entrar en un cuadro

"Trains du soir". P. Delvaux (1959) 
Musées Royaux des Beaux Arts. Bruselas

El cuento "Trains du soir" nació a raíz de mi descubrimiento de las obras de Paul Delvaux y también de las primeras sensaciones de mi estancia en Bruselas. La primera versión la escribí en catalán,  y  posteriormente, la traduje yo misma al español. Es a partir de esta auto-traducción que mi amiga Pilar Carilla ha creado una estimulante secuencia didáctica, publicada en Marcoele nº 15: "Vamos a entrar en un cuadro, leyendo...y actuando" 

Es la primera vez que alguien utiliza un texto mío para trabajarlo en clase y enseñar lengua y, estoy segura, muchas cosas más. Me encanta.

Os copio un fragmento del cuento:

TRAINS DU SOIR 
(FRAGMENTO)

Cuando todo empezó, se había desesperado. Ahora, espera. Sabe que es lo único que puede hacer. Espera pacientemente que alguien dé el primer paso. Entonces, solo entonces, podrá dar la vuelta a la historia, repetir la jugada y romper el maleficio. Pero sabe que espera quizá inútilmente  ya que, para que todo pueda funcionar, es necesario que este alguien sea una persona muy especial, tan especial como para estar enamorado de las estaciones, tan enamorado o tan loco por las estaciones como ella, sin saberlo, en el pasado, lo estaba. Este amor era lo que la había conducido hasta allí. Y eso que la suya era únicamente una modesta estación de pueblo, tranquila, sin pretensiones, con marquesina y reloj antiguos. Una estación de una línea modesta, de esas que cada verano anunciaban que se suprimiría porque no parecía rentable.

Vivía justo enfrente, desde su ventana veía llegar y salir los trenes y desde su balcón podía hablar con la gente de los andenes. Muchas veces, esta situación le era muy cómoda para dar recados de última hora: Tráeme eso o aquello, si vas a Barcelona. Ha llamado Ana y dice que no estará. ¡Recuerdos a Danidile que le llamaré! Durante el día, el pequeño barullo de los vagones y de las máquinas marcaba su tiempo y la distraía de la monotonía de su sedentario trabajo de traductora independiente, en casa, en la que pasaba un montón de horas delante del ordenador. La ventana que daba a la estación era una ranura de vida, un decorado de movimiento en la quietud de su existencia. Recordaba que el momento del día que más le gustaba era cuando llegaba el último tren, el de las once y media de la noche, el tren que moría en el pueblo... leer el texto entero en pdf


2 comentarios:

Jan Puerta dijo...

La primera vegada que vaig veure una obra de Delvaux em va impactar gratament. Llegint el teu conte entenc el que pot succeir després de veure i analitzar un quadre.
Un abraçada

don Gerardo de Suecia dijo...

Parece interesante!