
HIJOS DE BABEL
a todos los profesores de lenguas extranjeras dispersos por el mundo
Hay una raza de pontífices
de maestros que tienden puentes entre países
y abren ventanas, voces, vuelos
a paisajes lejanos enseñando pronombres,
verbos irregulares y adverbios de lugar.
Son magos que se sacan un mundo del sombrero
con solo pronunciar una palabra,
humildes sacerdotes que enseñan a sus fieles
a bautizar de nuevo el mundo, a recorrerlo
en las alas de un verbo que hasta ayer no existía.
Son los embajadores mal pagados
de sus países, reyes en exilio
cuyo único poder es enseñar
al que no sabe hablar en otra lengua.
Diáspora didáctica, héroes, jornaleros
del subjuntivo, un día se marcharon
de su lengua natal para enseñarla.
Misioneros sin más dios que un deseo:
el que las gentes remotas consigan conocerse y conversar.
Y para conseguirlo pueden llegar incluso a pasar hambre.
Yo a veces los he visto devorar diccionarios.
Saben que todos somos extranjeros
y trabajan muy duro para que llegue un día
en que nadie lo sea.
Nacieron en la Torre de Babel
y saben que el amor
le debe su existencia a la gramática.
Juan Vicente Piqueras
Me gustan algunas de sus metáforas. Es bello pensar que enseñamos a "bautizar de nuevo el mundo, a recorrerlo en las alas de un verbo que hasta ayer no existía" o que trabajamos para que llegue un día en que nadie sea extranjero.
También me gusta que esté dedicado a todos los profesores de lenguas extranjeras dispersos por el mundo y no solo a los profesores de ELE. A veces parece que ignoramos que formamos parte de un colectivo mucho más amplio y que tenemos muchas afinidades con otros colegas de otras lenguas y países que están en situaciones parecidas.
El amor debe su existencia a la gramática, sí, pero la gramática también debe su existencia al amor de aquellos que quieren contar el mundo con pasión.
Gracias, Juan Vicente por regalarnos este hermoso retrato de nuestra profesión.